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Dejemos de Columpiarnos con las Emociones

Desarrolla tu madurez emocional

Introducción

Para comenzar este artículo es importante recordar que los seres humanos tenemos cinco cuerpos: cuerpo físico, cuerpo emocional, cuerpo mental, cuerpo energético y cuerpo espiritual.

Tradicionalmente se ha dado mucha importancia al cuerpo físico (garantizaba la supervivencia) y al cuerpo mental (permitía la adquisición de conocimientos para poder manejarse en el mundo).

En este momento estamos transitando a nivel global una apertura de consciencia acerca de las emociones y un creciente interés por el desarrollo y la madurez del cuerpo emocional. Por aquí, buenas noticias.

Por otro lado: ¿Cómo nos pilla esa apertura de consciencia acerca de las emociones a los que estamos en la Tierra?

Pues con un cuerpo emocional saturado de emociones densas (rabia, frustración, miedo, culpa…), muchas de ellas sin procesar.

Con una gran confusión acerca de las emociones y con pocas herramientas para saber interpretar su mensaje.

Con una alta reactividad (puede que exterioricemos las emociones o puede que “implosionemos”, pero solemos ser muy reactivos, es decir, reaccionamos de manera intensa y automática ante determinados estímulos sin pararnos a observar y reflexionar).

Y además, en nuestro caso, vivimos en una sociedad que impulsa que miremos hacia fuera en lugar de conectar con nosotros mismos a través de fomentar los deseos superficiales y el individualismo, o sea, “medios de distracción de masas”, redes sociales y publicidad dando carrete a tope a emociones intensas y caóticas (aumentar los deseos más superficiales y egocéntricos insufla fuerza a las emociones más densas y arrolladoras).

 

Ordenando un poco este territorio tan confuso

Resumiendo mucho-mucho la madurez emocional consiste en ir cultivando tres aspectos:

  1. Sensibilidad
  2. Empatía
  3. Flexibilidad

No es lo mismo ser sensible que ser empático. Hay algunas personas muy sensibles que lo son a lo que reciben del exterior pero no lo son a lo que ellas provocan en otras personas pues les cuesta mucho ponerse en lugar de otras personas (especialmente cuando hay divergencia de opiniones o conflicto de intereses). Por eso es importante cultivar el tándem sensibilidad-empatía. Cuando la persona es sensible y empática suele ser cuidadosa a la hora de comunicar lo que le está pasando y flexible para abrirse a generar acuerdos buenos para todos los implicados.

En definitiva, el camino es tomar consciencia de uno mismo y de los demás y ser responsable con lo que está sucediendo para poder buscar la mejor respuesta.

Pensando en esta triada (sensibilidad-empatía-flexibilidad) elaboré un mapa con las fases de la madurez emocional. Por favor, recordemos que solamente son fases para orientarnos. Ya sabemos que hay niños que aprenden a hablar muy pronto y a otros les cuesta más y que hay bebés que se saltan la etapa del gateo. Es decir, las descripciones de cada fase pretenden ser un instrumento útil para orientarnos pero no son el territorio. Por ejemplo, hay personas a las que les cuesta mucho saber qué sienten pero son muy empáticas y amorosas con las demás personas. Otras saben perfectamente lo que sienten pero no son capaces de ponerse en el lugar de una persona muy diferente a ellas.  Así que veamos las fases como un mapa para orientarnos y guiarnos, no tanto para juzgarnos o exigirnos.

 

Fases de madurez del cuerpo emocional:

 

Primera fase: Desconexión o desconocimiento de mis emociones y de las emociones de las demás personas.

Puede expresarse con rigidez o con mucho caos emocional. Suele haber también bastante auto-crítica, crítica y acusaciones.

 

Segunda fase: Conexión emocional.

Comienzo a comprender qué me está pasando y qué me quieren decir mis emociones. En esta fase a veces la persona empieza a expresar lo que siente a los demás y esto puede generar malentendidos si las personas que reciben el mensaje no comprenden bien, o se sienten acusadas de manera injusta. No estamos acostumbrados a hablar de cómo nos sentimos a nivel emocional de manera abierta y franca. Nadie nos enseñó. Por eso hay que saber diferenciar lo que es conveniente decir para que mejore un conflicto y lo que no es aconsejable compartir pues puede dañar innecesariamente.

 

Tercera fase: Inicio de la empatía.

Empiezo a percibir y a conectarme con más profundidad con las emociones de las demás personas. Comienzo a ver a la otra persona y empiezo a separarla de mis expectativas y de mis creencias acerca de cómo tendría que ser y comportarse.

(En algunas personas por diseño de personalidad o por su biografía puede quedar alterado este orden. En ese caso aparece primero la conexión con las emociones de las demás personas, y posteriormente con las suyas propias).

 

Cuarta fase: Entendimiento profundo de mí mismo/a.

Comprendo el origen de mis emociones y entiendo el mensaje. Es un desarrollo de la segunda fase que requiere más auto-conocimiento e introspección.

 

Quinta fase: Descubrimiento de los demás.

Descubro e integro a la otra persona como un ser diferente a mí, con su camino, sus características de personalidad y tendencias. Requiere descentramiento del yo para poder escuchar y mirar de verdad a la otra persona percibiendo su ser diferente y esencial.

 

Sexta fase: Unidad y Amor.

Nos sentimos parte de una Unidad más grande. Conexión con el Amor. Capto mi esencia y la de la otra persona. Fluyo en el amor.

 

Entendamos que no son fases estancas. Podemos estar trabajando entre la segunda y la tercera fase. También puede ocurrir que en una meditación sintamos destellos de unidad pero que sea un atisbo que no podamos mantener en nuestra vida cotidiana. Cuando asistimos a terapia o hacemos un trabajo personal profundo afianzamos las fases iniciales y podemos desarrollar la cuarta y quinta fase (entendimiento profundo de uno/a mismo/a y descubrimiento-entendimiento de los/as demás).

El relato que una persona hace de lo que sucede se corresponde con la fase que está atravesando. Por eso cada persona interpreta la realidad de una manera. Una persona que no comprende a las demás personas se pierde muchos matices y puede sentirse atacada fácilmente. Otra persona que vibra de manera más amorosa puede aparecer como poco asertiva exteriormente pero está comenzando a vivir la realidad desde la unidad y no se siente ofendida con facilidad.

 

¿Cómo podemos ir apoyando la madurez en cada fase?

La receta maestra es profundizando en comprendernos a nosotros mismos y a los demás.

También es importante el entendimiento profundo de cómo es la vida en la Tierra para navegar con más suavidad cuando las olas muevan nuestra embarcación.

Hay una escalera de caracol lateral que si la seguimos nos va a ir llevando de la mano por todas la fases pero para subir por esta escalera hay que ser capaz de dejar juicios y emociones a un lado. Y para esto hace falta cierta conexión con el Silencio y el Ser y probablemente una vida menos ajetreada y con tiempos de meditación.

Esta escalera es el entendimiento del propósito evolutivo de cada persona, situación y encuentro que tenemos en nuestra vida. Pero transitar por esta escalera de caracol no es muy común, por eso describo aquí el resto de fases que representan el sendero más transitado.

 

Primera fase. Desconexión o desconocimiento de mis emociones y de las emociones de las demás personas.

En esta fase hay que cultivar el conocimiento y la escucha de nuestras propias emociones y de las emociones de las demás personas.

Para desarrollar la escucha de mis emociones necesito preguntarme varias veces a lo largo del día: ¿Qué estoy sintiendo?

Para desarrollar la escucha de las demás personas necesitamos aceptar lo que están sintiendo aunque a veces no lo entendamos o no nos parezca razonable.

Como apoyo podemos usar una tabla de emociones al principio.

Si hay muchas emociones atascadas en el cuerpo la práctica de bioenergética puede ir movilizando toda esa energía que se fue quedando compactada. Otros caminos son la danza consciente, la expresión corporal, salir a correr o pasear por el monte. Vamos a mover el cuerpo con consciencia. Las emociones se quedan alojadas en el cuerpo y al moverlo podemos aligerar algo el estancamiento energético consecuencia de la indigestión de las emociones no procesadas. La siguiente imagen puede ayudarnos en todas las fases para comprender qué estamos sintiendo y saber distinguir los matices.

 

Segunda fase. Conexión emocional.

En esta fase vamos conectando nuestras emociones con nuestra personalidad y nuestra biografía. En esta fase comprendemos que cada emoción nos trae un mensaje. Incluso nos cuenta una pequeña historia.

  • ¿Qué me quiere decir esta emoción?
  • ¿Qué tiene que ver conmigo y con lo que está pasando ahora en mi vida?
  • ¿Qué tiene que ver con lo que he vivido en el pasado?

Hay claves sencillas que nos pueden ayudar a desentrañar el mensaje:

  • La tristeza nos ayuda a despedirnos de algo, de alguien, de un sueño o de una etapa vital.
  • El miedo nos conecta con las amenazas y el futuro. Es un mensaje para estar presentes y conectar con nuestros recursos.
  • La ira nos da fuerza para el cambio que puede ser un movimiento exterior (comunicar cómo me siento, poner límites…) o interior (cambio de perspectiva).

Quien quiera investigar más acerca de los mensajes que portan nuestras emociones puede leer La sabiduría de las emociones de Norberto Levy.

Si la persona ha vivido experiencias muy traumáticas hay que liberar el trauma para poder seguir avanzando en el amor por uno/a mismo/a y en la armonía interior.

 

Tercera fase. Inicio de la empatía.

El camino más fácil para desarrollar la empatía es escuchar a las personas. Debemos que saber que vendrá el juicio como un comentarista en paralelo y que para poder escuchar de verdad nos toca dejar el juicio a un lado y poder contemplar al otro sin ese velo.

Otra opción para ampliar nuestro entendimiento de los demás es leer novelas en las que exista una profundización en los personajes. La lectura nos ayuda a viajar por el mundo de otras personas.

Las personas reactivas necesitarán salir a dar un paseo antes de hablar si están muy enfadadas. Esta cosa de contar hasta 10 antes de hablar (hay que contar más, en 10 segundos no da tiempo a que el cerebro se estabilice) tenía este sentido profundo de esperar a que pasara el huracán.

En esta fase el mundo se amplía cuando aprendemos diferentes tipologías de la personalidad. El eneagrama nos ayuda a entender las limitaciones de la otra persona y a poder comprender su carácter y la tipología de carácter de Jung nos enseña cómo percibe la realidad, cómo la valora y cómo se organiza una persona. También podemos consultar astrología evolutiva o psicólogica para comprender mejor sus tendencias y desafíos. Las tres son posibilidades que nos ayudan a acercarnos a la esencia y dificultades de la otra persona (también son potentes caminos de auto-conocimiento).

 

Cuarta fase. Entendimiento profundo de mí mismo/a.

En esta fase ahondamos en quiénes somos nosotros. El mejor lugar que conozco es pasar un tiempo en terapia con un terapeuta que acompañe el trabajo profundo sobre la propia biografía y el propio carácter. El viaje de los arquetipos es un faro que nos acompaña en reconocer estratos profundos de nuestra psique. Cualquier camino de auto-conocimiento y trabajo interior es valioso con un buen guía que haya visitado con frecuencia sótanos y laberintos y conozca los códigos.

 

Quinta fase. Descubrimiento de los demás.

En esta fase la otra persona es un universo a entender, no alguien a quien temer, poseer o controlar.

Un camino bello es la escucha meditativa. Observar y escuchar desde el corazón sin expectativas. Cuando escuchamos desde nuestras expectativas no podemos acoger el misterio que va revelando la otra persona.

A mí me encanta cultivar la actitud del viajero: explorar a las personas queridas con actitud de un viajero abierto a lo nuevo y diferente y dejar de ser turistas que traen bajo el brazo su decálogo de cómo hay que ser y comportarse.

Otra manera fascinante y enriquecedora es la lectura de auto-biografías, en ellas la persona suele compartir su universo personal de sueños, miedos y anhelos y uno puede comprender mucho más allá de sus propias fronteras.

También hay libros muy populares como Los Cinco lenguajes de Amor que son vehículos sencillos para practicar el descentramiento de nuestra vivencia e interpretación de la realidad y la comprensión de que hay otras maneras de vivir e interpretar lo que ocurre. Y de nuevo, estudiar con mayor profundidad el eneagrama y las tipologías de carácter Jung con la intención de entender a las demás personas y liberar la relación de anhelos imposibles.

Y por supuesto el camino maestro:  la experiencia de convivir con una pareja o un hijo muy diferente a nosotros y a nuestras expectativas y la actitud de entender quién es esa persona en esencia, cuál es la lección maestra que nos trae y la posibilidad de dejar la batalla y pasar a acuerdos posibles y buenos para todos.

 

Sexta fase. Unidad y Amor.

Aquí abrimos la puerta de la unidad y del Amor. El sendero que yo conozco es la meditación silenciosa y diaria, unida al cultivo del desapego de deseos superficiales y egoicos.

Un camino que vivimos los terapeutas es la práctica continua de ponernos en el lugar de la otra persona. Aunque no seamos terapeutas, podemos ensayar el movimiento de salir de nosotros mismos y mirar la vida desde lo que puedan sentir y experimentar las demás personas.

 

Puede que te reconozcas claramente en una fase o que necesites completar varias. Lo importante es que comprendas que es un camino y que es importante ponerte en marcha.

Podremos acortar el trayecto si trabajamos en paralelo nuestro Cuerpo Espiritual y comprendemos qué estamos haciendo aquí. La vida en la Tierra es exigente y compleja. Atravesamos pérdidas, crisis y decepciones, recibimos empujones y vivimos conflictos. Es así como es. Lo que se trata es de decidir cómo lo queremos vivir. De eso se trata esta escuela. De aprender y evolucionar con todo lo que ocurre y con todas las personas de nuestra vida. Al integrar la dimensión evolutiva se suavizan miedo, tristeza, envidia y rabia y nos abrimos la puerta a vivir todo lo que ocurre con aceptación y agradecimiento por el aprendizaje.

 

Conclusión

La persona que sabe que está aquí para jugar a evolucionar siente lo que está ocurriendo, lo comprende, ve a la otra persona o a la situación como mensajeros, fluye sin resistirse, integra el aprendizaje y sigue viviendo hasta la siguiente.

Cuanto más inmadura es una persona más daño emocional ejerce (de manera inconsciente además) a sí misma y a las personas que la rodean. Me paso horas en consulta escuchando experiencias que son consecuencia de la inmadurez emocional generalizada. De esas ganas de colaborar en disminuir el dolor emocional surge este texto. Quiero poner mi granito de arena en abrir senderos claros hacia el amor.

Da igual en qué fase nos encontremos. No nos pongamos exigentes. Este camino no se ha realizado con anterioridad en la Tierra a nivel masivo. No es un camino fácil. No es un “en 7 minutos al día lo conseguirás”. Es el camino de vuelta a casa. El camino de vuelta al Amor.

Pensamos que lo consiguieron algunas personas que vivieron retiradas y muy conectadas a la espiritualidad. Seguramente hay muchas personas anónimas que desarrollaron su madurez emocional y conectaron con la Unidad y el Amor en el pasado trabajando y con familia pero no conocemos bien cómo lo hicieron. Ahora estamos transitando esta llamada a la madurez emocional con trabajos exigentes, muchísimos estímulos y vidas bastante complejas. Soltemos el juicio y elijamos algo por donde empezar que sea diferente a callar-explotar de vez en cuando, a criticarnos unos a otros por detrás o morirnos de miedo y tristeza. Nadie nos enseñó a lidiar con nuestras emociones de una manera sabia y amorosa. Nos toca a nosotros hacer el trabajo y dejar nuestro legado a los que nos siguen.

Caminar estas fases nos va a guiar hacia ser más sabios, flexibles y amorosos. O sea a estar más en paz con nosotros mismos y a generar paz en las demás personas. La madurez emocional nos lleva a ser generadores de paz, y hace falta muchas muchas personas en esta labor.

Aunque nos queda mucho camino por recorrer todo lo que estamos avanzando va drenando las toneladas de dolor emocional acumuladas en todos los que estamos hoy en la Tierra.

Poco a poco.

Comprendiendo y liberando.

Abramos espacio a vidas con más paz y amor para todos.

 

María Ponce

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Ari-Tai Consciencia y Evolución

Acompañando Procesos de Crecimiento Personal

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